La actriz Eiza González recientemente compartió una confesión conmovedora: aún llora por las críticas que recibió durante su adolescencia. Aunque hoy es una figura reconocida internacionalmente, sus palabras nos recuerdan que incluso las personas exitosas pueden cargar con heridas emocionales del pasado. Esto nos invita a reflexionar sobre el impacto profundo que pueden tener los comentarios negativos, especialmente cuando se dirigen a nuestro aspecto físico, nuestra forma de ser o nuestro desempeño profesional.
¿Por qué nos afectan tanto las críticas?
Durante la adolescencia, somos especialmente vulnerables. Se trata de una etapa
de transición en la que se forma nuestra identidad y autoestima. Las palabras
tienen un peso especial: una crítica en el momento equivocado puede convertirse
en una marca emocional duradera. Eiza reveló que a los 17 años fue criticada
por su apariencia y por su talento en programas de televisión, lo cual afectó
profundamente su seguridad personal. Esta experiencia no es exclusiva de figuras
públicas. Muchas personas guardan memorias similares de la adolescencia, cuando
un comentario aparentemente trivial desencadenó inseguridades que persistieron
por años.
¿Duelen más las críticas de quienes más
queremos?
Las críticas que provienen de personas cercanas duelen más. Padres, amigos,
maestros o parejas: cuando alguien en quien confiamos emite una opinión
negativa, el impacto emocional puede ser mayor. Esto ocurre porque las personas
significativas en nuestra vida actúan como espejos: a través de ellas
construimos nuestra imagen personal. Aunque el comentario no se haya hecho con
intención de herir, podemos interpretarlo como rechazo o desvaloración. A largo
plazo, esto puede debilitar nuestro sentido de valía y fomentar una crítica
interna severa.
¿En qué etapa somos más vulnerables a las
críticas?
La adolescencia es probablemente el momento en que somos más susceptibles a las
críticas. Estamos en plena construcción de identidad, con una autoestima frágil
y un deseo intenso de pertenencia. Estudios han demostrado que el acoso o la
humillación durante esta etapa pueden dejar efectos que perduran incluso en la
adultez. Sin embargo, en distintas etapas de la vida también podemos estar
vulnerables, especialmente en momentos de transición, duelo o crisis.
¿Qué hacer para protegernos o responder con
resiliencia?
No todo está perdido. La resiliencia es una capacidad que se puede desarrollar.
Ser resiliente no significa que no nos duelan las críticas, sino que podemos
aprender a manejarlas, comprenderlas y crecer a partir de ellas. Implica
aceptar nuestras emociones, buscar redes de apoyo, y construir una autoestima
más sólida que no dependa exclusivamente del juicio ajeno.
Estrategias para enfrentar las críticas:
1. Reflexionar antes de reaccionar: Preguntarnos si la crítica tiene un
componente constructivo o si refleja más a la persona que la emite que a
nosotros mismos.
2. Comunicar asertivamente: Si la crítica proviene de alguien cercano, expresar
cómo nos hizo sentir puede abrir un espacio de comprensión mutua.
3. Fortalecer la autoafirmación: Recordarnos nuestras cualidades, logros y
valores personales para contrarrestar el efecto de los comentarios negativos.
4. Aprender a soltar: No todo lo que nos dicen debe convertirse en verdad. A
veces, lo más sano es dejar pasar.
5. Buscar ayuda profesional: Cuando las críticas afectan nuestro bienestar
emocional, acudir a un terapeuta puede ser clave para sanar.
Las palabras dejan huella, sí. Pero también pueden convertirse en motor de crecimiento. Eiza habló de cómo se “perdió” tratando de encajar, de cómo su deseo de aprobación externa la llevó a desconectarse de sí misma. Sin embargo, con el tiempo ha encontrado herramientas para sanar, fortalecerse y reconectar con su identidad. Ese es el poder de la resiliencia.
Aceptar que las críticas pueden doler es humano. Pero también lo es aprender a vivir con ellas sin que nos definan. La clave está en construir una relación más compasiva con nosotros mismos y recordar que nuestro valor no se mide por la opinión de otros, sino por la forma en que elegimos tratarnos y crecer.
Atentamente,
Psic. Alicia D de P
