Investigaciones de la UNAM y expertos internacionales revelan cuáles son las posiciones más seguras y beneficiosas para tu descanso.
Introducción
Dormir bien no solo significa “cerrar los ojos” y esperar despertar con energía. La calidad del sueño depende de factores como el ambiente, la rutina nocturna, la alimentación y, de forma crucial, la postura en la que descansamos. Investigaciones de la UNAM y de instituciones internacionales coinciden en que la posición que adoptamos para dormir influye directamente en la salud de la columna, la respiración, la digestión y hasta la función cerebral.
1. Dormir boca arriba: alineación y prevención de dolores
Los especialistas de la UNAM señalan que dormir en posición supina (boca
arriba) favorece la alineación natural de la columna vertebral. Esta postura
evita cargas innecesarias en cuello y espalda, siempre que se use una almohada
de altura media y un cojín pequeño debajo de las rodillas para reducir presión
en la zona lumbar.
Beneficios principales:
– Descarga la espalda baja.
– Disminuye dolores cervicales.
– Favorece la recuperación muscular.
2. Dormir de lado: la postura más versátil
Dormir de lado, especialmente sobre el lado izquierdo, ha demostrado ser
una de las posiciones más saludables. Estudios médicos revelan que:
– Reduce el reflujo gastroesofágico.
– Disminuye los ronquidos y mejora la respiración.
– Favorece la circulación sanguínea.
– Es ideal en el embarazo.
Para aprovechar esta postura, se recomienda colocar una almohada firme entre la
cabeza y el hombro para mantener el cuello alineado, y otra entre las rodillas
para estabilizar la pelvis.
3. Dormir boca abajo: la menos recomendable
Aunque algunas personas se sienten cómodas durmiendo boca abajo, la ciencia coincide en que es la postura menos saludable. Esta posición fuerza la curvatura lumbar, genera tensión en el cuello al mantenerlo girado durante horas y puede provocar dolor de cabeza, hombros y rigidez matutina.
4. Más allá de la postura: hábitos que potencian el descanso
Además de elegir la posición adecuada, la calidad del sueño depende de
los hábitos diarios. Entre los más recomendados:
– Crea un ritual nocturno relajante.
– Cuida tu entorno: el dormitorio debe estar fresco, oscuro y silencioso.
– Almohadas y colchón adecuados.
– Alimentación ligera por la noche.
– Mantén horarios regulares.
5. El impacto de un buen sueño en tu salud
Dormir bien no solo ayuda a despertar con energía. La investigación
científica muestra que un sueño reparador:
– Refuerza el sistema inmune.
– Mejora la memoria, la concentración y la toma de decisiones.
– Reduce el riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
– Regula el estado de ánimo y disminuye la probabilidad de ansiedad y
depresión.
Conclusión
La postura en la que duermes puede marcar la diferencia entre un
descanso reparador y una noche de molestias. Dormir boca arriba o de lado,
especialmente del lado izquierdo, es lo más recomendado por la ciencia. A esto
se suma la importancia de hábitos saludables: un entorno adecuado, horarios
regulares y una rutina relajante antes de dormir.
En pocas palabras: dormir bien es una inversión diaria en tu salud física,
mental y emocional.
Psic. Alicia D de P
Doctora Descanso ®
Que sueñes con los angelitos ®

