¿Es tu pareja o tu hater?
Cuando el éxito no se celebra, sino se sabotea
Por Psic. Alicia D de P Dra. Descanso
El amor de pareja se idealiza muchas veces como un refugio: un lugar donde uno puede ser auténtico, crecer y ser celebrado. Sin embargo, no siempre es así. En algunas relaciones, el momento en que uno de los dos brilla se convierte en una sombra para el otro. No hay felicitación, no hay orgullo compartido, no hay mirada de admiración. En cambio, hay silencio, comentarios sarcásticos, desdén o, incluso, desprecio disimulado. Entonces surge una pregunta dolorosa pero necesaria: ¿es tu pareja… o tu hater?
El éxito, aunque deseado, puede actuar como un espejo incómodo en la relación. El logro de uno puede, sin intención, despertar inseguridades profundas en el otro. No porque el triunfo tenga algo negativo, sino porque pone en evidencia las propias frustraciones, la comparación constante o una baja autoestima. En vez de celebrar, la pareja que se siente amenazada reacciona con críticas, bromas que hieren o minimización.
Es común escuchar frases como: “No te emociones tanto”, “Fue pura suerte”, o “Yo también lo he hecho mejor”. Estas expresiones, disfrazadas de humor, esconden muchas veces un intento de restar valor al otro. El sarcasmo, cuando se vuelve constante, deja de ser un juego y se transforma en un arma emocional que hiere, debilita y confunde.
Este tipo de actitudes no nacen del amor, sino del ego. En algunas relaciones, el brillo ajeno se percibe
como una amenaza. La persona que no tolera el éxito del otro necesita, muchas veces de forma inconsciente, mantener cierta superioridad o protagonismo. Detrás de ese ego herido puede haber miedo: miedo a no ser suficiente, a quedar en segundo plano o a que el otro descubra su propia luz y decida marcharse.
Cuando estos patrones se repiten, el impacto emocional es profundo. La persona que no recibe reconocimiento empieza a dudar de sí misma. Llega a pensar que “exageró”, que “no fue para tanto” o incluso a sentir culpa por haber tenido éxito. Aprende, poco a poco, a apagar su brillo para no incomodar. Esto no es humildad: es autocensura emocional inducida.
Las señales de alerta son claras aunque a veces difíciles de aceptar: si cada vez que logras algo importante tu pareja reacciona con frialdad, burla o indiferencia; si no hay alegría compartida sino tensión o celos; si en
público te hace sentir incómoda o menos; si cada comentario positivo sobre ti parece irritarle… entonces hay Página 1
¿Es tu pareja o tu hater?
algo que necesita atención. El amor no compite contigo, te acompaña. El amor no se burla de ti, te respeta. El amor no te opaca, te ilumina.
¿Qué hacer si te reconoces en esta dinámica? En primer lugar, hablar con claridad y desde lo emocional, no desde la acusación. Usar frases como: “Cuando minimizas mis logros, me siento poco valorada” puede abrir la puerta a una conversación real. También es necesario poner límites a las conductas que duelen, incluso si vienen disfrazadas de “bromas”. Observar si hay disposición al cambio o resistencia constante es clave. Y por supuesto, buscar acompañamiento terapéutico puede ser un paso valiente y necesario para sanar tanto individual como relacionalmente.
Porque una relación sana no debería doler cuando uno brilla. Al contrario: debería ser un espacio donde el éxito del otro se festeja, no se teme. Donde el amor no se mide por quién gana más, brilla más o llama más la atención, sino por la capacidad de crecer juntos, sin apagar a nadie.
Si al triunfar te sientes sola, cuestionada o avergonzada, no estás exagerando. Tal vez no estás con alguien que te ama, sino con alguien que teme tu luz. Y eso no se llama amor: se llama inseguridad, control o ego herido.
El amor verdadero impulsa, no sabotea. El amor verdadero aplaude, no compite.
—
Psic. Alicia D de P Dra. Descanso
www.doctoradescanso.com
aliciadominguezdepedro@yahoo.es
771 187 6136
